Con el inicio del tiempo de Cuaresma, presentamos el cartel oficial de la Semana Santa 2025.

Una obra realizada por Pilar Plaza López en la que se muestra la imagen de Jesús amarrado a la columna en el dintel de la ermita de la Veracruz.

La imagen además ha sido recientemente intervenida por el escultor D. Juan Carlos Arango, por lo que es perceptible la naturalidad que ha adquirido.

La talla se muestra mirando al pueblo, muestra de protección y bendición para los fieles.

La imagen de Jesucristo representada en el Sagrado Misterio de la Flagelación nos recuerda a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios que se hizo hombre, que se asoció al dolor de los hombres, solidarizándose con los que sufren moral y físicamente, para redimirnos de toda situación de muerte y llevarnos a una nueva vida

Esta imagen de la Pasión de Nuestro Señor es descrita por los Evangelios de Mateo, Marcos y Juan:

-Mt, 27, 26: «Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado».

-Mc 15, 15: «Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado».

-Jn 19, 1: «Pilato mandó entonces azotar a Jesús».

Nuestro Señor sufrió, por orden del gobernador romano de Judea, Poncio Pilatos, uno de los tormentos más atroces que entonces podía soportar un reo. La Sagrada Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo se llevó a cabo de acuerdo con los usos romanos que, a diferencia de la flagelación judía, no tenía límite en el número de golpes. Para recibir tal tortura, fue atado a la columna que a tal fin existía en el Pretorio del Palacio del gobernador. La columna era de medio fuste de forma que el reo quedaba en posición más indefensa aún, si cabe, aumentando así su sufrimiento.

Eran seis los encargados de aplicar el castigo, turnándose éstos de dos en dos. Los verdugos utilizaron con Jesús el denominado “flagellum taxillatum”, que consistía en una empuñadura de madera con unas tiras o correas de cuero a cuyos extremos se fijaban pequeñas esquirlas de huesos o bolas metálicas aristadas, lo que producía además el desagarro de la piel y masa muscular. Jesucristo recibió más de ciento veinte golpes en la espalada, tórax y abdomen, lo que le provocó gravísimas heridas tanto externas, como internas, hasta el punto que, de no haber mediado la crucifixión, tales lesiones hubiesen provocado su muerte.