Con el comienzo de la cuaresma nuestra patrona la Santísima Virgen de la Cabeza ha amanecido ataviada con el manto de terciopelo granate y la saya plateada.

Luce para este tiempo sobrio la corona de plata, pieza especial para la hermandad, puesto que es de las pocos enseres que se conservan previos a 1936.

El Miércoles de Ceniza marca el comienzo de la Cuaresma, un tiempo de conversión, de volver la mirada a Dios y reconocer nuestra pequeñez.

La ceniza que hoy recibimos no es solo un símbolo de penitencia, sino un recordatorio de que nuestra vida es pasajera, y solo en Él encontramos la verdadera eternidad.

El Evangelio nos invita a orar en lo secreto (Mt 6,6), a ayunar sin apariencias (Mt 6,16) y a dar limosna sin buscar reconocimiento (Mt 6,3). Que esta Cuaresma sea un camino de purificación, donde no solo renunciemos a lo superficial, sino que abramos el corazón a la gracia de Dios.

Que la ceniza en la frente sea solo el inicio del cambio en el alma.

«Conviértete y cree en el Evangelio» (Mc 1,15).